>>>Misión (casi) imposible: Tokio en 48 horas
Foto: Yasufumi Nishi-JNTO

Misión (casi) imposible: Tokio en 48 horas

Con más de 13 millones de habitantes repartidos en 23 barrios, Tokio es una de las ciudades más grandes y extravagantes del mundo. Conocerla en 48 horas es difícil, pero no imposible.
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omer en un restaurante atendido por robots y después visitar un templo de 1.500 años. En Tokio el contraste entre tradición e innovación está presente en todos sus rincones. El ‘gran Tokio’, con 36 millones de habitantes, es el área metropolitana con mayor densidad de población del mundo. Conocer esta inabarcable megalópolis es un reto hasta para el viajero experimentado.

Día 1:

Dos miradores sobre Tokio

El Tokyo City Hall es conocido como Tochō y fue construido a semejanza de un chip informático y, a su vez, emulando una catedral gótica. En sus dos edificios principales se encuentran sendos miradores gratuitos. A 202 metros sobre la ciudad, son el punto de partida perfecto para orientarse.

Tokio fue sede de los Juegos Olímpicos de 1964 y será sede de los de 2020.
Foto: Sean Pavone/Shutterstock.com

El atún millonario

La de Tokio es la lonja de pescado más grande del mundo. En noviembre de 2016 se muda de Tsukiji (en Ginza) a la isla de Toyosu. Asistir a la subasta de atún, en la que se pagan cifras millonarias –el récord, 1,3 millones de dólares- es un ‘must’ para los turistas dispuestos a madrugar. La costumbre es desayunar sushi al salir.

Comerse a Doraemon

En todo Japón es muy común ver a los viandantes con un ‘bento’ bajo el brazo. Son cajas de comida para llevar que suelen incluir arroz, pescado, legumbres y fruta, dispuestos con formas de animales o personajes de cómic. En el jardín japonés Shinjuku Gyoen, degustar una sobre la hierba es la mejor forma de mimetizarse con las costumbres locales.

Shibuya, caos y calma

Además de ser un paraíso para ‘shopaholics’, el barrio de Shibuya, presume de tener el cruce más concurrido del mundo, atravesado por un millón de personas al día. Para descansar de esta actividad frenética, no muy lejos, el santuario Meiji irradia paz. Atravesar el oasis boscoso de 100.000 árboles que lo rodea y las puertas ‘torii’ que lo custodian hace descender las pulsaciones para disfrutar plenamente de este templo sintoísta.

En el célebre cruce de Shibuya confluyen seis calles.

La ciudad subterránea

El metro de Tokio es el cuarto más grande del mundo y el único totalmente automatizado. Lo utilizan 2.800 millones de usuarios al año. La estación de Shinjuku es la más transitada del planeta; cuatro millones de usuarios recorren sus 36 andenes a diario. Es habitual que las líneas ferroviarias privadas tengan vagones sólo para mujeres.

‘Lolitas’ y boutiques

Cruzando el puente Jingu se alcanza Harakuju, el distrito de la moda de Tokio. Su columna vertebral es la avenida Omotesando, un rosario de construcciones de diseño que albergan firmas de lujo. Es el caso de la boutique de Prada, alojada en un edificio del prestigioso colectivo de arquitectos Herzog & de Meuron. La cercana y concurrida calle peatonal Takeshita es, junto al puente Jingu, uno de los puntos de reunión de los devotos del ‘cosplay’ o ‘juego de disfraces’. Estos adolescentes se visten como los personajes de animación de sus cómics, series y videojuegos favoritos. Los chicos se decantan por los superhéroes, mientras que a ellas les encanta vestirse de ‘lolitas’ y convertirse en muñecas andantes. Los ‘cosplayers’ dedican sus domingos a deambular por Takeshita, entre tiendas de ‘souvenirs’, de ‘merchandising’ de sus ídolos japoneses y restaurantes y locales de comida tan curiosos como Calbee, que sirve patatas fritas con chocolate. Llegar en monorraíl hasta Hamamatsucho es la mejor opción para visitar la Torre de Tokio. Esta hermana de la Torreo Eiffel mide 332 metros y es uno de los iconos de la ciudad.

La lámpara de papel de Kaminarimon, con estructura de bambú mide cuatro metros de altura y pesa 670 kilos.
Foto : MosayMay / Shutterstock.com

Bikinis y robots gigantes

Con la caída del sol el barrio de Shinjuku se transforma en un festival de luces de neón, sobre todo en la zona de Kabukicho. Conocida como el ‘barrio rojo’ de Tokio, aquí conviven locales de los más dispares; ‘Izakayas’ o tabernas japonesas, casinos, karaokes, ‘hoteles del amor’… Uno de los más llamativos es el ‘Robot restaurant’, donde chicas en bikini manjean los robots-camareros de tres metros de alto. Además de servir la cena, bailan al son de música ‘techno’ bajo luces estroboscópicas.

Día 2:

La puerta de los truenos

En el barrio de Asakusa, uno de los más antiguos de la ciudad, se aprecia la arquitectura tradicional japonesa en sus viviendas de escasa altura. El templo Sensō-ji, que data del año 645, es el más grande y antiguo de la capital. Su entrada, custodiada por la imponente puerta Kaminari o ‘puerta de los truenos’, es una de las atracciones más fotografiadas de Tokio.

El poder del rosa

El parque Ueno, el más grande de Tokio, posee cientos de cerezos y durante su floración (desde finales de marzo a principios de abril) se convierte en un espectáculo. Los japoneses acuden en masa a celebrar el ‘hanami’, que consiste en la contemplación de los cerezos en flor. En el parque se encuentra también el Museo Nacional, que ofrece la oportunidad de profundizar en las raíces de la ciudad a través, sobre todo, de sus galerías japonesa y asiática.

Universo ‘geek’

De nuevo los contrastes de esta urbe se hacen patentes. Tras el museo, el barrio de Akihabara es visita obligada para admirar el vasto universo ‘geek’ de la capital nipona. Amantes del manga y los videojuegos, iluminados por infinitas luces de neón, deambulan entre tiendas de cómics, gadgets tecnológicos y electrónica.

Sony vs. Apple

El elitista barrio de Ginza es un buen final para esta visita exprés. Alberga edificios emblemáticos como el de Sony y el de Apple, que compiten por mostrar al viandante sus innovaciones tecnológicas. Su arteria principal, Chuo-Dori, se compara con la Quinta Avenida de Nueva York.

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