>>>Los museos móviles de Kioto
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Los museos móviles de Kioto

De ritual a demostración de opulencia. Aunque su motivación ha ido cambiando, el festival Gion Matsuri sigue celebrándose cada año desde el siglo IX.
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esplazar una carroza de más de 10.000 kilos a lo largo de tres kilómetros no es fácil. Y si esta tiene unas ruedas que no giran, la cosa se complica. Pues bien, en esto consiste la atracción principal del Gion Matsuri, uno de los festivales más importantes de Kioto. Con eventos durante todo el mes de julio, el desfile de las carrozas ‘yamaboko’ (día 17) es el punto culminante de las celebraciones. Las hay de dos tipos, ‘hoko’ y ‘yama’. Las primeras son las más grandes, pueden llegar a medir más de 20 metros y necesitan que las carguen varias decenas de personas. Sus dimensiones hacen que cada giro o cambio de calle sea todo un espectáculo. Las ‘yama’ son algo más ligeras. Miden entre cinco y seis metros, y no suelen llegar a los 2.000 kilos. Se preparan con todo detalle, y se decoran con tapices y telas.
Las carrozas son consideradas pequeños museos en movimiento.
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Uno de los tres grandes

Además de Gion Matsuri, en Kioto se organizan otros dos grandes festivales: Aoi Matsuri y Jidai Matsuri. El primero, en honor a un tipo de planta, se celebra el 15 de mayo. Y en el Jidai (22 de octubre) los participantes se disfrazan e interpretan escenas de la historia japonesa.

A las carrozas se suben los locales engalanados con las ropas típicas (kimonos y yukatas) y músicos tocando flautas y campanas. En uno de los ‘hokos’ va un pasajero especial llamado ‘chigo’. Es un niño vestido según el Shinto, que es elegido entre los hijos de los comerciantes de la ciudad. Desde el periodo Kamakura ese es el propósito de la fiesta, demostrar la opulencia del comercio local.
Pero los orígenes del Gion Matsuri son otros. A finales del siglo IX, con una plaga que asolaba la ciudad, Kioto no vivía su mejor momento. Considerada una señal de los dioses, se pusieron en marcha los rituales ‘goryo-e’ para rogar clemencia y purificación. De ahí surgieron festivales como Gion Matsuri, uno de los más antiguos. Comenzó en el año 869 en torno a la capilla Yasaka. Como las oraciones tuvieron éxito, se repitió cada año. En los primeros desfiles participaban 66 carrozas, mismo número que las prefecturas con las que contaba Japón en aquella época. Hoy han disminuido hasta ser 32 (nueve ‘hokos’ y 23 ‘yamas’).
El momento culminante del Aoi Matsuri es el desfile de mujeres que acompañan a la princesa imperial.
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Los días previos

Durante los días previos al desfile, es habitual que en las carrozas se vendan los típicos ‘chimaki’. Son unos amuletos que supuestamente atraen la buena suerte y alejan al diablo. Están fabricados con sasa, un tipo de hojas de bambú.

El carácter local del desfile no impide que intervengan los visitantes ocasionales. Los rostros occidentales son más que bienvenidos para dar un toque exótico a las carrozas.  Además de observar el desfile a pie de calle, se puede participar activamente y formar parte del desfile. Para ello hay que inscribirse a través del Kyoto Prefectural International Center. Esta institución se encarga de gestionar las peticiones extranjeras. Para los que no lo consigan, el festival a pie de calle ofrece otras alternativas: disfrutar de la música tradicional (‘gion-bayashi’), comprar algún amuleto (‘omamon’) o probar la comida típica: yakisoba, okomiyaki, takyaki, yakitori… Las tres noches previas al desfile, las calles de Kioto son una fiesta, y las carrozas permanecen en la calle, iluminadas. Algunas viviendas dejan sus puertas abiertas para poder ser visitadas. Normalmente aquellas que guardan en su interior reliquias como kimonos antiguos. Esta generosa tradición también lleva nombre de festival, Byobu Matsuri.
Gion Matsuri es conocido por los locales como Gion-san.
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El Gion Matsuri no tiene tantos seguidores como una feria de manga, pero su importancia en la cultura e historia del Japón es innegable. Y demuestra que el país nipón sabe moverse entre ambos mundos, en el del ‘anime’ y en el del Gion Matsuri. Entre los jóvenes que se visten al estilo ‘visual kei’, y entre los que prefieren los ‘yukatas’.

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